Imagina despertarte un día y que tu vecino te diga: ‘Oye, el glaciar de la montaña viene de visita… y trae TODO su equipaje’. Suena a chiste malo, pero eso fue exactamente lo que pasó en Blatten, un pueblito suizo del valle de Lötschental que ahora está literalmente bajo toneladas de hielo, roca y una capa generosa de ‘te lo advertimos’.
El día que el glaciar Birch decidió bajar del cerro
El 28 de mayo de 2025, el glaciar Birch (o Birchgletscher para los amigos) protagonizó lo que podríamos llamar el peor estreno del año. Después de semanas comportándose como adolescente rebelde —desprendiendo rocas por aquí, acelerándose por allá— finalmente colapsó en una avalancha de 2.5 kilómetros que subió 240 metros por la pared opuesta del valle. Sí, leíste bien: SUBIÓ. Porque cuando la naturaleza decide hacer las cosas, las hace con estilo.
El resultado fue devastador: más de 130 edificios sepultados, el 90% del pueblo borrado del mapa, y el río Lonza convertido en un lago improvisado que nadie pidió. Todo esto mientras los científicos del clima hacían ese gesto universal de ‘te lo dijimos’ con una mezcla de preocupación y resignación.
La evacuación que salvó vidas (menos una)
Aquí viene la parte agridulce: gracias a que alguien estaba prestando atención (aplausos para el sistema de monitoreo suizo), evacuaron a unas 300 personas y su ganado el 19 de mayo. Sí, hasta las vacas se fueron antes del desastre. Lamentablemente, un hombre de 64 años permanece desaparecido, recordándonos que no todos los finales son felices ni siquiera cuando hacemos las cosas bien.
Las autoridades cantonales de Valais notaron que el glaciar había pasado de moverse 0.8 metros al día a velocidades de 1.5-2 metros diarios, y luego a unos impresionantes 10 metros el 27 de mayo. Para ponerlo en perspectiva: eso es como si tu casa decidiera caminar hacia la del vecino, pero mucho más rápido y con peor actitud.
Cambio climático: el villano que nadie quería
¿Y quién tiene la culpa de todo esto? Bueno, aparte del obvio cambio climático (sorpresa de nadie), resulta que el permafrost —ese hielo permanente que mantiene las rocas en su lugar— decidió derretirse. Esto provocó que el pico Kleiner Nesthorn empezara a soltar piedras como si fuera una máquina dispensadora rota.
El glaciólogo Lonnie Thompson, que probablemente ha visto más hielo derretirse que todos nosotros juntos, advirtió que miles de personas en regiones alpinas enfrentan riesgos crecientes. Los glaciares están en un ‘camino irreversible’ de fusión, que es la forma elegante de decir ‘esto no tiene vuelta atrás, amigos’.
Los números que duelen (casi tanto como la factura del seguro)
Hablemos de daños porque, seamos honestos, esto va a doler:
- Pérdidas aseguradas en cientos de millones de francos suizos (y contando)
- Hasta 3 millones de metros cúbicos de roca acumulados sobre el glaciar antes del colapso
- Un lago de escombros que amenaza con inundar comunidades río abajo si decide reventar
- La ladera superior sigue más inestable que mesa coja, con riesgo de más deslizamientos
El ejército suizo desplegó equipos, helicópteros y hasta bombas para intentar controlar la situación. Porque cuando la naturaleza se pone dramática, hay que responder con recursos dramáticos.
No es el único: otros glaciares con ganas de moverse
Por si fuera poco, el glaciar Birch no es el único con planes de relocación. El glaciar Spitze Stei, también en Suiza, tiene un volumen de roca inestable que duplica al Birch y está bajo monitoreo intensivo. Es como tener una bomba de tiempo geológica, pero en versión XXL.
A nivel global, los glaciares europeos perderán al menos un tercio de su masa para 2050 incluso si dejáramos de calentar el planeta mañana (spoiler: no lo haremos). Con las emisiones actuales, ese número sube a dos tercios. Los récords de fusión en 2023-2024 no ayudan precisamente a ser optimistas.
Lecciones desde otros rincones del mundo
Este tipo de colapsos no son exclusivos de Suiza. Eventos similares han ocurrido en el Tíbet, el Cáucaso y otras regiones montañosas en los últimos 25 años. El caso del lago glacial Dig Tsho en Nepal (1985) destruyó una planta hidroeléctrica y puentes, afectando a miles.
Actualmente, alrededor de un millón de personas viven a menos de 10 kilómetros de lagos glaciares inestables en el Himalaya. Eso es mucha gente jugando a la ruleta rusa geológica sin saberlo.
¿Y ahora qué?
Blatten enfrenta un futuro incierto. Las búsquedas del desaparecido se suspendieron por la inestabilidad del terreno, y las autoridades no descartan más evacuaciones en el valle de Lötschental. El pueblo que fue ya no existe, enterrado bajo millones de toneladas de recordatorios congelados de que vivimos en un planeta que se está calentando más rápido de lo que nos gustaría admitir.
El 2025 fue declarado Año Internacional de Glaciares y Regiones Polares, lo que añade una ironía cruel al desastre. Es como celebrar el cumpleaños de alguien justo cuando se está despidiendo para siempre.
La moraleja helada
Si algo nos enseña Blatten es que el monitoreo científico funciona y salva vidas, pero también que necesitamos prepararnos para un futuro donde estos eventos sean más comunes. Los Alpes, los Himalayas, los Andes y Alaska están en la lista de regiones vulnerables. Miles de comunidades montañosas enfrentan la posibilidad de que sus vecinos glaciares decidan hacer las maletas.
Mientras tanto, los científicos seguirán monitoreando, las autoridades planificando evacuaciones, y el resto de nosotros preguntándonos si algún día tomaremos en serio eso del cambio climático antes de que más pueblos terminen como Blatten: hermosos recuerdos bajo una capa de hielo que nunca debió moverse.
Porque al final del día, cuando un glaciar decide mudarse a tu pueblo, no está siendo grosero. Solo está respondiendo a un planeta que nosotros calentamos. Y esa, amigos, es una verdad más fría que el hielo mismo.


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