Si alguien le hubiera dicho a Josu Jon Imaz hace unos años que estaría sentado en la Casa Blanca prometiéndole a Donald Trump triplicar la producción de crudo, probablemente habría pedido que le revisaran el café. Pero aquí estamos, en 2026, donde Repsol y el petróleo en Venezuela se han convertido en una historia que mezcla geopolítica, negocios y un poquito de surrealismo.
Cuando Trump convoca, las petroleras acuden
El pasado viernes, la Casa Blanca se convirtió en el escenario de una reunión que parecía sacada de una serie de Netflix. Trump reunió a una decena de ejecutivos de las grandes petroleras mundiales, incluyendo a Repsol, Chevron, Exxon Mobil y Conoco Phillips. El objetivo era claro como el petróleo refinado: poner sobre la mesa 100.000 millones de dólares para reconstruir la maltrecha industria petrolera venezolana.
El presidente estadounidense no se anduvo con rodeos. Su plan maestro consiste en hacer que Venezuela bombee crudo como si no hubiera mañana, con el objetivo de bajar el precio del barril a unos 50 dólares. «Usaremos petróleo y lo recibiremos», declaró Trump con su característico estilo directo. «Bajaremos los precios del petróleo y le daremos dinero a Venezuela, que lo necesita desesperadamente».
¿Qué llevó Repsol a la mesa de negociación?
Imaz, el CEO de Repsol, no fue a la reunión con las manos vacías. Presentó unas credenciales que harían sonrojar a más de uno: la empresa española actualmente produce 45.000 barriles diarios de crudo en territorio venezolano. Pero la oferta estrella vino después: Repsol está lista para triplicar esa cifra en los próximos 2 o 3 años, llegando a los 135.000 barriles diarios.
La relación entre Repsol y el petróleo en Venezuela no es nueva, pero sí complicada. Para la empresa española, Venezuela representa el 15% de todas sus reservas, valoradas en unos jugosos 13.000 millones de euros al precio actual del Brent. No es moco de pavo, como dirían por ahí.
Imaz también se encargó de recordar que Repsol no está de turista en Venezuela. La compañía produce gas que garantiza «la estabilidad de la mitad de la red eléctrica» del país, y cuenta con personal, instalaciones y capacidades técnicas sobre el terreno. Básicamente, le dijo a Trump: «Estamos listos, solo danos luz verde».
¿Cuál es el problema entonces?
Aquí viene la parte menos divertida de la historia. Desde marzo de 2025, Repsol no puede exportar hidrocarburos venezolanos debido al embargo comercial estadounidense. Es como tener un Ferrari en el garaje pero sin permiso de conducir. La empresa necesita desesperadamente una excepción similar a la que disfruta Chevron, la única compañía que actualmente puede operar sin trabas en el país.
Y Trump, que sabe perfectamente cómo funciona este juego, ha dejado claro que el petróleo venezolano debe terminar en suelo estadounidense. Nada de llevárselo a España para procesarlo en las refinerías de toda la vida. Si Repsol y el petróleo en Venezuela quieren seguir siendo socios de baile, tendrán que bailar al son que toca Washington.
¿Y qué dicen las otras petroleras?
No todo fueron sonrisas y promesas en la reunión. Los ejecutivos de Exxon Mobil pusieron el dedo en la llaga, señalando que las estructuras comerciales actuales en Venezuela son «inviables». Pidieron cambios significativos en el marco legal y legislativo, además de «protecciones duraderas para las inversiones». Traducción: queremos garantías de que no nos van a expropiar a la primera de cambio.
Chris Wright, secretario de Energía estadounidense, intentó calmar los ánimos diciendo que «quizás lleguemos a un acuerdo marco», pero también advirtió que las empresas «no se van a quedar de brazos cruzados». Chevron, que ya está operando, planea escalar rápidamente su presencia aprovechando su ventaja competitiva.
¿Qué significa todo esto para el futuro?
La estrategia estadounidense es bastante transparente: controlar la industria petrolera venezolana «indefinidamente». Después de la captura de Nicolás Maduro y el cambio de régimen impulsado por Washington, PDVSA mantiene negociaciones activas con el gobierno estadounidense bajo la supervisión de Delcy Rodríguez como presidenta interina.
Para Repsol y el petróleo en Venezuela, el camino hacia adelante pasa necesariamente por obtener el beneplácito de Trump. La empresa española ha iniciado «encuentros al máximo nivel» con representantes de la administración estadounidense, buscando despejar las incógnitas sobre su futuro en el país caribeño.
Imaz ha dejado claro que Repsol está preparada para «invertir con fuerza» siempre que exista un «marco comercial y legal» que lo haga posible. La respuesta de Trump fue escueta pero alentadora: «Gracias, habéis hecho un buen trabajo, gracias». No es exactamente un contrato firmado, pero en el mundo de Trump, es lo más cercano a un apretón de manos.
El dilema de las 13.000 millones de razones
Con 13.000 millones de euros en juego, Repsol no puede simplemente hacer las maletas y marcharse. La compañía opera junto a su socio Eni, y juntos han construido una infraestructura que no se abandona de la noche a la mañana. Pero tampoco pueden operar al margen de las sanciones estadounidenses.
Trump ha prometido decidir «muy pronto» qué compañías podrán operar en Venezuela, dejando claro que las petroleras «tratarían directamente con Estados Unidos» en lugar de con los líderes venezolanos. Es decir, si quieres jugar en el patio venezolano, primero tienes que pedir permiso a Washington.
Una reunión que lo cambió todo
La convocatoria de la Casa Blanca representa un punto de inflexión en las relaciones entre Repsol y el petróleo en Venezuela. Por primera vez en mucho tiempo, hay una ventana de oportunidad real para que la empresa española reactive sus operaciones de exportación y recupere la rentabilidad de sus activos venezolanos.
Pero esa ventana viene con condiciones. Repsol deberá adaptarse a las reglas del juego que imponga Washington, probablemente redirigiendo su producción hacia Estados Unidos y aceptando la supervisión estadounidense de sus operaciones. Es el precio de hacer negocios en la nueva Venezuela controlada por Trump.
Mientras tanto, el secretario del Interior, Doug Burgum, quien también participó en la reunión, trabaja en los detalles de cómo se implementará este ambicioso plan de inversión. Los próximos meses serán cruciales para determinar si estas promesas se convierten en realidad o si quedan en el olvido de las muchas reuniones que se celebran en la Casa Blanca.
Lo que está claro es que el juego del petróleo venezolano ha cambiado de árbitro, y ahora todos los jugadores, incluida Repsol, deben aprender las nuevas reglas si quieren seguir en el campo.
Fuentes consultadas
- CiberCuba – Repsol se declara lista para invertir con fuerza en el sector petrolero venezolano
- Expansión – Repsol promete a Trump triplicar su producción en Venezuela
- El País – La Casa Blanca convoca a Repsol a la reunión con las grandes petroleras
- La Sexta – Repsol inicia conversaciones con EEUU para despejar incógnitas sobre su futuro en Venezuela


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