Toyota tropieza en China: cuando se acaban las ayudas, se acaba la fiesta

Si pensabas que Toyota era invencible, noviembre de 2025 llegó para recordarnos que hasta los gigantes pueden tropezar. La compañía japonesa, que lleva cinco años consecutivos como líder mundial de ventas, vio caer tanto su producción como sus ventas el mes pasado. ¿El culpable? China, ese mercado enorme que cuando estornuda hace temblar a medio planeta automotriz.

Adiós subsidios, adiós ventas

La historia es simple pero dolorosa: China decidió cortar el grifo de los subsidios para vehículos eléctricos y eficientes en combustible. Y claro, cuando desaparecen las ayuditas del gobierno, los consumidores se lo piensan dos veces antes de comprar. Toyota, que dependía en parte de esos incentivos para mantener sus números en verde, sintió el golpe de lleno.

Lo irónico es que justo un mes antes, en octubre, China había batido récords con 1,715 millones de unidades de vehículos de nueva energía vendidas, superando el 50% del mercado total. Las exportaciones de NEV chinos también explotaron con 256.000 unidades, casi el doble que el año anterior. Pero esa fiesta, al parecer, era principalmente para los locales.

BYD y compañía: los nuevos reyes del baile

Mientras Toyota sufría, las marcas chinas como BYD estaban literalmente sacando el champán. Con precios que hacen llorar de alegría a cualquier cartera (el BYD Seagull cuesta menos de 10.000 euros en China), y lanzamientos de modelos más rápidos que un TikTok viral, los fabricantes locales están arrasando.

BYD vendió más de 19.700 unidades en Europa hasta noviembre de 2025, con modelos como el Dolphin Surf y el Seal U ganando terreno rápidamente. La fórmula china es clara: coches baratos, tecnología avanzada incluida de serie, y producción masiva. Toyota, acostumbrada a ciclos de desarrollo de hasta 10 años, está descubriendo que en el mundo NEV la velocidad importa tanto como la calidad.

Toyota no se rinde (todavía)

Pese al tropezón chino, Toyota no está exactamente en crisis existencial. La compañía vendió 11 millones de unidades en 2024 y mantiene su corona mundial, aunque con una caída global del 3,7%. Sus híbridos siguen siendo estrellas: 4,14 millones vendidos en 2025, un 21,1% más que antes.

En Norteamérica los híbridos crecieron un 48,1%, en Europa un 9,5%, y en Asia (incluyendo la complicada China) un 32,6% en vehículos electrificados. Toyota ajustó al alza sus previsiones anuales esperando 3,4 billones de yenes en ingresos operativos. No está mal para alguien que acaba de tropezar, ¿verdad?

La estrategia Kaizen vs. la velocidad china

Toyota apuesta por su tradicional filosofía Kaizen: mejora continua, desarrollo pausado, actualizaciones remotas cuando sea necesario. El problema es que su apuesta por vehículos eléctricos puros, como el bZ4X, resultó ser más bien un bZ4Fracaso por su precio elevado y consumo poco convincente.

Mientras tanto, BYD lanza modelos nuevos antes de que puedas decir «electromovilidad» tres veces seguidas, todos con sistemas avanzados de conducción incluidos. En España, por ejemplo, Toyota Proace lideró las ventas electrificadas en noviembre con 362 unidades, pero modelos PHEV como el Volkswagen Caddy le pisaban los talones con 208 unidades.

¿Qué viene después?

La caída de noviembre es una señal de alarma, no una sentencia de muerte. Toyota tiene músculo financiero, experiencia de sobra y una red global envidiable. Pero China ha dejado claro que los subsidios gubernamentales pueden cambiar el juego de la noche a la mañana, y que las marcas locales tienen ventaja de casa.

La pregunta del millón es si Toyota podrá acelerar su transición eléctrica sin perder esa calidad y fiabilidad que la hizo famosa. Porque en el mundo de los NEV, llegar tarde a la fiesta significa encontrarte con que BYD ya se comió toda la tarta.

Mientras tanto, el resto del mundo observa con atención. Si Toyota, con todo su poderío, puede tropezar en China por la eliminación de subsidios, ¿qué pasará con otras marcas cuando los gobiernos europeos o americanos decidan apretar el cinturón con sus propios incentivos verdes?

La respuesta la tendremos en los próximos meses. Por ahora, Toyota tiene tarea: recuperar China, acelerar su juego eléctrico y demostrar que este tropezón fue solo eso, un pequeño bache en el camino hacia la electromovilidad. O como dirían en japonés: ganbarimasu (hagamos nuestro mejor esfuerzo). Lo van a necesitar.

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